martes, 15 de mayo de 2018

Infiel

        He empezado una nueva relación. Con el café. Antes no me gustaba y ahora, ahora tampoco, para qué nos vamos a engañar. Es como cuando conoces a un nuevo compañero de trabajo y nada más verle sabes que es un capullo. Luego, con el tiempo, te vas acostumbrado a su capullez, pero sabes que sigue siendo tan capullo como el primer día.
       La primera taza me sentó como un tiro. Creí morir de acidez. Había comprado un par de días antes unas cápsulas de ristretto nivel 10 y al primer sorbo mis ojos se achinaron, mi nariz se encogió y mi boca adoptó un rictus desagradable a más no poder. Tal cual como cuando subes al autobús y te toca al lado del que lleva siglos olvidándose el desodorante. Eso sí, me despejó la cabeza como si les hubiera metido un chute de adrenalina a mis neuronas.
       El segundo día pensé que debía calcular mejor la dosis. Como si de un yonqui se tratara me fui al súper a buscar lo que necesitaba. Ahí estaba: luongo, nivel 4. Vamos a probar.
      Nada. Absolutamente nada. Igual que con un amante inexperto o poco diestro: ni me excita, ni me pone nerviosilla, ni noto nada.
     Tercer intento. Recurro otra vez al súper. Esta vez descubro el forte, nivel 8. A ver qué pasa. Niente. Otro amante fallido. Ni frío ni calor.
     Esta relación no me lleva a ninguna parte, así que decido ser infiel. Esta mañana me he pasado otra vez por el puesto de avituallamiento. He paseado la vista por encima de las bebidas energéticas. No tienen mala pinta. Después de un rato de leer etiquetas, me decido por una lata grande, gorda y negra. Con esta descripción no debería dejarme indiferente, ¿no?
      Pues no, no me ha dejado indiferente. Por ahora el resultado ha sido positivo. Nivel de excitación, aceptable; de nerviosismo, lo suficiente como para no dormirme pero no tanto como para subirme por las paredes. Creo que esta relación puede funcionar...

lunes, 7 de mayo de 2018

¿Ostra... qué?

       Tengo la sensación de que no soy como se espera que sea. Y eso no gusta. Si no río las bromas y las gracias, soy una amargada de la vida. Si no comulgo con los pensamientos de otros, si no tengo las mismas aspiraciones, si no me creo lo que todos, si tengo criterio propio, si no me doblego, si mantengo mi postura, si no me dejo desviar del tema en cuestión, si defiendo mis ideales, si resulta que los defiendo mejor que el que trata de rebatirlos, si mis argumentos tienen más peso, si cerco al interlocutor y no le dejo vía de escape, si descubro sus trampas y argucias, si no me dejo camelar, si resulta que no quiero lo que el resto, si me organizo mi tiempo y en él no cabe según quién, si tengo mis prioridades y quién sea no forma parte de ellas, si lucho por mí y por mi futuro, soy una resentida.
       En definitiva, si no me comporto como se espera que lo haga una mujer, si lo hago más bien como se espera que lo haga un hombre o como una mujer que sabe lo que quiere, me condenan al ostracismo.
       ¿Me importa? Un momento, que tengo que pens... ¡No! No me importa en absoluto. Es más, no saben hasta qué punto me están haciendo un favor. No es fácil librarse de imbéciles. Si son ellos lo que se van solitos... ¡Miel sobre hojuelas!
        Ostracismo, ¡ven que te dé un achuchón de los buenos!

jueves, 3 de mayo de 2018

No



       ¿Qué problema tiene la gente para aceptar un “no”? No lo había visto nunca como hasta ahora. ¡Anda que no me he tenido que tragar yo “noes”! Pero ahora, no, ahora hay que decirle que sí a todo quisqui.

       Muchos entienden que a los niños no se les puede decir que no, no vaya a ser que se frustren. Y así nos luce el pelo con las nuevas generaciones que van subiendo.

      Si te llaman para ofrecerte una oferta de lo que sea, tampoco se te ocurra dar la negativa por respuesta. Te tratarán de tonto e infeliz por no aprovechar la gran oportunidad que se te brinda. Da igual que expliques por qué no. El caso es que, si no es sí, eres imbécil.

     ¿Que vas al super a comprar? Allí tampoco puedes rechazar ni las ofertas 3x2 ni las degustaciones que casi te meten en la boca sin darte cuenta. ¡Tonto! ¡Más que tonto! ¡Que no sabes aprovechar nada!

     Y ya, si hablamos de hombres, ¡ni te cuento! No se te ocurra rechazar a ninguno. Los pobrecitos tienen un problema con la frustración y el rechazo. El otro día, sin ir más lejos, uno de una página de contactos anunciaba a bombo y platillo en su perfil que quería borrarse de allí. Me llamó tanto la atención que no pude por menos que preguntarle porqué no eliminaba su perfil simplemente. Me respondió que estaba harto de tanta falsedad y que no soportaba el rechazo. Mal sitio para estar cuando no puedes aguantar que un montón de gente te diga que no quiere conocerte. Pues ni corto ni perezoso va y me dice que ha leído mi perfil y que le gusta. Ahí tuve que decirle que yo no le convengo porque lo más probable es que le rechace y, claro, sabiendo lo delicadito que es el tema para él, mejor no tentábamos a la suerte. Pues va y se enfada porque le he rechazado antes de poderle conocer para rechazarle. ¡Manda huevos!

      Y luego están los que, conociéndolos ya, creen que tienen derecho sobre ti por vete tú a saber qué idea se han creado. Que si te has ido una vez a la cama con ellos y luego no te apetece hacerlo más, eres poco menos que una bruja.

      Pues nada, vamos a seguir esquivando el no ad aeternum, no vaya a ser que alguien se ofenda y le de un berrinche.

      Pero, espera... Ahora que lo pienso... ¡NO ME DA LA GANA!

martes, 17 de abril de 2018

¡Para mear y no echar gota!

      Creo que soy un alien. O, como poco, antisocial. Tengo un amigo que no hacía más que recomendarme que me apuntara a una de esas páginas de contactos que proliferan por la red. Un poco para no oírle más y otro poco para demostrarle que yo tenía mis razones al no apuntarme antes, al final hoy he dado mi brazo a torcer y me he inscrito.
        El primer escollo, el nick. No quería usar un nick tipo “Gatita” o “Rosa fresca”, así que he tirado de clásicos y he empezado a buscar. Valkiria: ocupado. Selene: ocupado. Nikita: ocupado. Veteatomarporculo: no se acepta. ¡Pero si incluso está ocupado el de Sugar Kane! ¡Y quién coño, aparte de mí, sabe quién fue Sugar Kane! Pues alguien lo sabe porque me ha fastidiado y lo ha pillado antes que yo. ¡Hay que joderse!
       Una vez superado el nick, toca enfrentarse al cuestionario para que te encuentren a alguien con los intereses más afines posibles a los tuyos. Y resulta que no se trata de contestar “sí” o “no”, sino “de acuerdo”, “un poco de acuerdo”, “muy en desacuerdo” y “en desacuerdo”. ¡¿Qué coño significa estar “muy en desacuerdo” cuando te hacen preguntas como: “te consideras una persona muy confiable”?!
       Y ya el remate viene cuando, por fin te creas el maldito perfil y empiezas a ver fotos en las que tienes que poner si los quieres conocer, si quizás, si sí o si súper sí. Por favor... ¿Súper sí? ¿En serio?
Pues súper no. Llevo dos horas viendo fotos pasar y no he dado un sí ni por casualidad. ¿Pero en qué piensa la gente cuándo se hace una foto para un perfil de una página de contactos? He visto fotos en baños (por favor, las tazas de WC son antiestéticas aquí y en Pekín. Además, ya sabemos que tienes WC), fotos sentados a una mesa con las manos entrelazadas (¿esperan una entrevista de trabajo?), otras con bebidas alcohólicas (ojo, su perfil decía que no bebía), otras de espaldas (tal vez las más artísticas), fotos con gafas de sol tamaño sombrilla de bar (para eso, no pongas foto, melón), fotos con hijos (¿de verdad no tienes otras fotos?), fotos con camisa desabrochada hasta el tercer botón (no me gustan los tipos que llevan más escote que yo), fotos en el gimnasio (sí, ya veo que para ti el cuerpo es importante... ), y así podríamos seguir hasta la eternidad.
        En cuanto a aficiones... Tampoco va a haber suerte. Las mías: lectura, cine, cultura y arte. Las de ellos: deporte (¡todos son deportistas, oye!), excursiones (¡qué ganas de patear el campo!), playa (y en invierno, ¿qué?) y cine (las de acción y para de contar). ¡Y de ahí no los sacas!
        Y ya cuando entras más en profundidad en su perfil te sueltan perlas como que quieren encontrar a una mujer para consentirla, para hacerla muy feliz, para disfrutar... ¡¿Pero qué buscan, a una pareja, a una niña a la que cuidar o el estereotipo de mujer a la que le gusta que la inviten a cenar, le abran la puerta, le aparten la silla, le suelten gracietas y le elijan el menú?!
       En fin, que yo con esto no puedo. Voy a ver dónde se desapunta uno porque me está entrando una acidez que ni con la caja de antiácido se me va a pasar.

viernes, 6 de abril de 2018

Cuestión de gónadas

       ¡Hasta los cojones, hasta los ovarios o hasta las mismísimas gónadas! Me da igual cómo sea políticamente correcto decirlo, estoy hasta ahí mismo de artículos que te explican cómo debes ser para encontrar pareja. Que si inteligente, que si agradable, que si simpática, que si optimista, que si un gran sentido del humor... ¿¡Pero qué mierda es esta!? ¿Se supone que soy una mujer o un monito de feria?
        Antes, hace años, para conquistar a un hombre debías ser bonita, callada, mansa... en fin, lo que se vino conociendo años más tarde como “mujer florero”. Poco hemos avanzado si ahora se nos pide que seamos todo lo descrito anteriormente (inteligente, risueña, etc). El caso es pedir. ¡Venga requisitos para las mujeres!
        No he visto ni un sólo artículo de ese mismo tema dirigido a los hombres. No, porque a ellos no se les pide que NO sean unos capullos, ni unos inmaduros, ni unos cabrones, ni unos irresponsables... No. A ellos hay que aceptarlos tal y como son. Porque el problema no son ellos, claro. El problema somos siempre las mujeres, que no sabemos lo que queremos, que siempre cambiamos de opinión, que somos muy exigentes, que es que somos unas histéricas...
       Es increíble cómo se las ingenia la sociedad (que, ojo, somos todos) para culpabilizar siempre a las mujeres sean como sean. Si eres gorda, es que no puedes gustar a nadie sin perder unos kilos; si eres vieja (llamémoslas maduras, no se vaya a ofender nadie) es culpa tuya que tu maromo se vaya con otra más joven; si tienes las hormonas revolucionadas o estás saturada de trabajo y eso te crea mal humor más veces de las que tú quisieras, eres la culpable de que tu pareja busque fuera de casa el cariño que no encuentra en ella.
        Pero, ¡cuidado! ¡Ni se nos ocurra cargarle el mochuelo a los hombres! Porque si se te pasa por la cabeza decir que los hombres deberían ser más considerados con nosotras, más respetuosos, deberían tratarnos como esperan que nosotras les tratemos a ellos, si tan siquiera piensas que los hombres deberían dejar de ser unos picaflores, unos niñatos encerrados en cuerpos de tíos de treinta para arriba, unos déspotas con la inteligencia femenina, si por algún motivo se te ocurre decir eso en voz alta y delante de alguien más que no sea tu imagen en un espejo, atente a las consecuencias. Vas a ser una amargada, una mal follada, una hija de puta.
       Así que aquí, una amargada, mal follada y una hija de puta se pasa ese tipo de artículos por el forro de las gónadas.

martes, 3 de abril de 2018

Que paren el mundo

      No estoy preparada para este mundo de mierda en el que me ha tocado vivir, lleno de intereses creados, de hipocresía, de falsedad, de relaciones rápidas, de rapiñar sólo lo bueno y descartar con desprecio lo que no sirve para cumplir las propias expectativas y saciarse a uno mismo.
     No estoy preparada para esos amigos que sólo se acuerdan de ti cuando no hay nadie más, cuando su agenda está vacía, cuando no hay alternativa mejor, cuando de repente se dan cuenta de que hace tiempo que no saben nada de ti, cuando, por h o por b, se sienten solos, cuando tienen problemas y necesitan que alguien les escuche o cuando simplemente creen que ya toca enviarte un whatsapp para que no se pierda algo que ya se perdió hace tiempo.
     No lo estoy tampoco para esas relaciones de conveniencia en las que sólo suena el móvil cuando las hormonas están revolucionadas, cuando se trata de compartir sólo y exclusivamente fluidos y gemidos, cuando se necesita un desahogo físico y, por supuesto, no hay nadie mejor en el horizonte.
     No estoy preparada para esto y no quiero estarlo. Aunque sea sólo en mi imaginación quiero vivir en un mundo donde las personas se llaman para verse u oírse de vez en cuando, un mundo en el que mirarse a los ojos es importante, tanto como compartir un paseo, una hora de tu tiempo, un sentimiento, un problema, una alegría, un abrazo, una caricia.
    Quiero vivir en un mundo en el que no me busquen por el interés, por lo que yo les puedo aportar cuando ellos van a intentar por todos los medios darse lo menos posible, no vaya a ser que se vacíen.
Pero ese mundo no es este, no es real, no está aquí. Por lo tanto, que alguien pare el mundo y que lo pare ya porque, si no se para, me bajo en marcha.

domingo, 4 de marzo de 2018

Hartos

      - Estoy harto de mujeres que buscan un marido.
      - ¿A qué te refieres?
      - A mujeres que te piden que les arregles cosas y, si lo haces, te permiten follarlas.
      - ¿Te piden que les arregles cosas?
      - Sí. Y las peores son las que no te lo piden:
             - Oye, ¿sabes que se me ha estropeado el grifo?
             - ¿Ah, sí? ¿Y qué?
             - No, nada. Que se me ha estropeado.
      - ¿Y ante eso nunca se te ha ocurrido darles el número de un fontanero?
      - Pues no. He preferido pasar.
      - Entiendo. Yo estoy harta de hombres que buscan sexo gratis.
      - ¿A qué te refieres?
      - A hombres que quieren follarte sin ofrecer nada a cambio.
      - ¿Quieres una transacción comercial?
     - No, pero tampoco que me usen. Igual que a ti te quieren usar de fontanero/marido a mí me quieren usar de puta gratis. Y los peores son los que te dicen que lo hacen porque son amigos tuyos. Será que tenemos un sentido distinto de la amistad.
      - Pero bueno, un abrazo siempre viene bien. Y unas caricias. Dormir abrazado a alguien...
      - No lo entiendes. La primera vez que llegué a su casa me dijo:
              - ¿Cuántas almohadas ves en la cama?
              - Una.
              - Eso significa que aquí nadie se queda a dormir.
      - Pues vaya.
      - Pues eso.
      - ¿Y tú qué quieres?
      - Que me quieran.
      - ¿Y tú?
      - También.